LEY DE PROTECCION INTEGRAL DE NIÑOS Y ADOLESCENTES

 

“Los niños primero”

“Todos los derechos para todos los chicos”

“Si la Argentina está bien, los chicos están bien”

“La humanidad debe al niño lo mejor que pueda darle”

“Mañana será tarde, su nombre es hoy”

 

Por varias décadas, estas consignas fueron construyendo, con la fuerza de su contundencia, un  nuevo camino en la defensa y protección de la infancia en nuestro país.

Largos años de  trabajo perseverante para educar a la sociedad, para ayudarla a mirar a los niños, niñas y adolescentes como “sujetos de derecho”,  personas con vida propia, voz propia, necesidades especiales para crecer y desarrollarse equilibradamente.

 

Gracias a las convicciones y la firmeza de profesionales, intelectuales, ONG nacionales,  organizaciones internacionales y ahora, del poder legislativo, nuestro país ha adoptado una nueva jurisprudencia.

El 28 de septiembre de 2005, la Argentina sancionó la nueva Ley de Protección Integral de los Derechos del Niño, derogando la antigua ley de patronato y respaldando definitivamente, la Convención de los Derechos del Niño, sancionada en 1990, incorporada a nuestra Constitución en 1994, pero jamás cumplida.

 

Si la etapa que ahora se cierra fue difícil, a pesar de la fortaleza de sus argumentos, la que ahora iniciamos no será menos ardua.

Habrá que tomar medidas administrativas, judiciales, legislativas, presupuestarias, de reglamentación, etc, que no serán fácil de consensuar.

Deberemos “desjudicializar y desinstitucionalizar” la pobreza, los conflictos humanos familiares y sociales, comprender que así como cada niño o niña es una unidad, un ser único e irrepetible, las leyes que los protejen también constituyen un cuerpo indivisible.

 

Quienes hemos tenido la oportunidad de recibir, en muchas oportunidades, el mensaje de los chicos a través de un dibujo, una narración o un escrito, hemos visto una y otra vez  el mismo mensaje.

Y aunque palabras como hogar o cariño o amor no figuren en ninguna legislación, eso es lo que ellos quieren y piden, siempre, los de antes y los de ahora.

Por eso la AAI  ha hecho suyas las palabras de Juana de Ibarbourou, sabias y profundas:

 

“Yo tuve lo que en toda mi existencia me ha sido tan necesario como la luz, el agua y el pan: ternura infinita”.

 

 

 

http://www.aainfancia.org.ar/

E-mail: aainfancia@speedy.com.ar

 

María Marta Hall

Presidenta

Asociación Argentina para la Infancia

Buenos Aires, octubre de 2005.

 

 

Por años, insistimos en la figura del “interés superior del niño” como una síntesis rectora inequívoca a la hora de tomar decisiones claves para la vida de niños y niñas en conflicto.